Cómo Sachiko Abe convierte cortar papel en arte meditativo

La artista Sachiko Abe nos invita a adentrarnos en su meditativo mundo construido con papel.

 

La artista japonesa Sachiko Abe empezó cortando tiras de papel en privado, como una alternativa relajante a la meditación. Nueve años después hizo pública esta fructífera afición, compartiéndola ante su público como una forma más de arte. La serie Cut Papers combina sus performances cortando papel con instalaciones de arte y cine. 

 

Transformación de la materia

Sachiko suele pasar largas horas delante de su público cortando papel. Con ayuda de sus tijeras, lo desmembra en pequeñas tiras de apenas medio milímetro de anchura. Poco a poco, lo que eran unas trizas van formando suaves nubes de un material que se asemeja al cabello, plumas, piel, espuma, nieve o telarañas, dependiendo de la obra en sí o de la imaginación del espectador.

 

 

Estructurando pensamientos

Cortar una sola hoja de papel supone 40 minutos de trabajo. De ahí que sus instalaciones, que cubren espacios con alfombras, muros y montañas de trizas de papel, representen varios años de trabajo. “El arte de cortar papel es un ejercicio constante a través del cual organizo y estructuro mis pensamientos”, nos explica, presentándonos una de sus exposiciones. “El ritmo de las tijeras, la finura y el largo de las tiras de papel emulan mi proceso de pensamiento y el impacto que este tiene en mi cuerpo. Cut Paper es una obra muy personal y necesaria, ya que a través de ella formulo mi relación con el mundo exterior”.

 

 

Corriente contemplativa

Con el silencio como telón de fondo, la instalación incorpora micros conectados a las tijeras de Sachiko, que con su cadencia van hipnotizando al público, atrayéndolo hacia su mundo, en lo que se convierte en la banda sonora de su actuación. Cuidados detalles como la blancura del espacio y su propia ropa contribuyen a fijar la atención en los delicados e ínfimos movimientos de su muñeca dirigiendo las tijeras. Se genera así una secuencia lenta y repetitiva de sonidos con la que se invita al espectador a “sincronizar con la corriente de emoción y contemplación creada por la actuación”.