Qué es el bienestar y por qué es más importante de lo que crees
En algún momento, el bienestar se ha transformado en algo relegado a la esfera privada. Actualmente se considera una manera de optimizarse, con términos como “rutinas de sueño”, “prácticas matutinas” o “sistema nervioso”. Y no es que esto sea malo. Pero sí que resulta incompleto.
De Laura Wabeke | 31 de agosto de 2026 | 5 minutos de lectura
Porque lo que nos demuestran las investigaciones científicas al respecto es que el bienestar no es algo que ataña solo a la persona. Por el contrario, es algo que se mueve, que cambia el ambiente de la habitación en la que entramos, la manera en que prestamos atención a una conversación, la paciencia que demostramos a alguien que está teniendo un mal día. Cómo nos sentimos a nivel de cuerpo, mente y alma no es un asunto meramente personal. Se relaciona con todo lo que nos rodea.
En Rituals, siempre hemos creído que el bienestar empieza desde un nivel mucho más cercano de lo que podríamos esperarnos: surge de los momentos diarios a los que solemos prestar muy poca atención. Como darse una ducha con calma. O el aroma que nos recibe en casa después del trabajo. Esos pequeños placeres que se esconden en distintos momentos de la jornada, esperando a que los descubramos. Si transformamos los suficientes de esos momentos tan ignorados en eventos con significado, logramos una mayor estabilidad. Lo que queremos explorar a continuación es lo que pasa después y quién más sale ganando cuando lo consigues.
¿Qué es el bienestar?
El bienestar es una de esas palabras que adquiere más significado a medida que la observas. Como explica Eloise Skinner, terapeuta existencial, “el bienestar es una idea compleja y en continua evolución, pero una versión sostenible del bienestar personal suele ser la que se mantiene en el tiempo y sigue siendo una base en la que apoyarnos a pesar de los altibajos cotidianos”. Para Lauren Lepley, experta en tratamientos somáticos especializada en trauma, se trata de estar cómodo, sano y feliz, aunque, apunta “no se trata de un estado puntual, sino que es un viaje continuo que requiere atención y esfuerzo”. Especialmente relevante resulta el concepto de aleafia, derivado de una palabra árabe que significa “estar en buen estado de salud física y mental”. No se trata de una cima que alcanzar; es más bien una condición a la que necesitamos prestar atención.
Desde el punto de vista puramente práctico, el bienestar se puede dividir en distintas partes: mental, emocional, físico y social. Pero lo que cambia por completo la perspectiva es que no son categorías separadas entre sí, sino sistemas interconectados: lo que haces en uno repercute en todos los demás. Ser más consciente de los pequeños placeres que ya contiene tu día a día, esos que solemos ignorar, es el desencadenante más potente de ese efecto en cadena.
Por qué el autocuidado no es egoísta
El argumento cultural en contra del autocuidado, ese que defiende que se trata de un lujo autocomplaciente, no parece entender lo que de verdad ocurre cuando nos cuidamos. Porque asume que el efecto positivo no va más allá de nuestra persona. Pero no hay nada más lejos de la realidad. El vértice formado por el cuerpo, la mente y el alma no es solo un marco desde el que cuidar tu salud personal, sino que también repercute en el ámbito social: Un cuerpo correctamente regulado es más paciente. Cuando estamos descansados, bien nutridos y físicamente cómodos, podemos acceder a partes de nosotros mismos que toleran el malestar de los demás: como ese compañero que trabaja demasiado despacio, esa conversación difícil o ese niño que necesita tu ayuda en el peor momento. Una mente despejada es capaz de escuchar mejor. El bienestar mental, tal y como lo define Lepley, incluye “tener una visión positiva de la vida, ser capaz de gestionar el estrés y tener una sensación de control”. Cuando los cimientos son estables, dejas de emplear tu ancho de banda cognitivo en la gestión del ruido que llevas dentro. Puedes escuchar de verdad a los demás. Un alma bien nutrida es también más empática. El bienestar emocional (la capacidad de identificar y expresar lo que sientes, gestionar el estrés y mantener relaciones sanas) no se consigue simplemente reflexionando sobre nuestras emociones. Es el resultado de una compasión tan constante y coherente hacia uno mismo que se puede extender también a los demás. Porque solo podemos dar lo que ya tenemos en nuestro interior. Por eso cuidar el bienestar propio es una de las cosas menos egoístas que podemos hacer. De hecho, es una manera de prepararnos para cuidar a los demás.
El efecto dominó
El estudio de Harvard sobre el desarrollo adulto, el estudio más longevo sobre la felicidad humana de la historia, ha determinado que el factor más importante del bienestar a largo plazo es la calidad de las relaciones. No es el estatus. Ni los logros. Ni la salud por sí sola. Es la conexión. Eloise Skinner expone lo que muchas veces se ignora al citar este descubrimiento: “Las buenas relaciones pueden ser determinantes a la hora de desarrollar una sensación general de bienestar y no tienen por qué limitarse a las relaciones tradicionales de familia y pareja. También incluye las relaciones más superficiales, como las personas con las que haces alguna actividad voluntaria, las que se apasionan por lo mismo que tú o con las que conectas en el ámbito laboral. Todas ellas pueden crear un bienestar social”. Lo que demuestra ese estudio, dicho de otro modo, no es solo que las buenas relaciones nos hacen sentir mejor. Sino que lo que invertimos también revierte positivamente en nosotros. Cuando te relacionas con los demás de la manera adecuada, con una actitud regulada, presente y abierta, consigues que los demás se sientan también mejor. No solo recibes cosas positivas, también tú las generas. La armonía interior crea una armonía exterior. No como metáfora, sino como método.
Uukumwe: la unión puesta en práctica
Si el viaje cuerpo-mente-alma tuviera un destino final podríamos decir que es el momento en el que la sensación de armonía de una persona hace hueco a la armonía de los demás. Uukumwe es una palabra que usa la comunidad ovawambo de Namibia y hace referencia a algo que a la mayoría de las lenguas occidentales les cuesta expresar en un único término: la unión como una condición vivida, no solo como una aspiración. Sostiene que no somos seres independientes que se cruzan ocasionalmente, sino que estamos interconectados y que la calidad de esas conexiones depende de la calidad de nuestra vida interior. Estar genuinamente bien requiere estar disponible. Presente. Ser generosos con nuestra atención. Ser capaces de acompañar la experiencia de otra persona sin apresurarse por buscarle una solución, rechazarla o desaparecer. Esa visión del bienestar es la que queremos fomentar. No se trata de lograr individuos optimizados, sino personas cuyo equilibrio interior hace que las que la rodean también se sientan más estables. Eso es lo que requiere esa sensación de unión y lo que fomenta sin estridencias el autocuidado genuino.
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Por dónde empezar: los tres pilares
Tu cuerpo: Dormir, moverse, nutrirse, pasar tiempo al aire libre. Los fundamentos parecen muy sencillos porque en realidad lo son. Pero también son más importantes que cualquier cosa que construyas sobre ellos.
Tu mente: Mindfulness, meditación, responder en vez de reaccionar. Lepley nos da un consejo: “Párate a reflexionar antes de actuar. Cuando sea posible, responde en lugar de limitarte a reaccionar”. Nuestra colección de meditación es un estupendo punto de partida.
Tu alma: Conexión, significado, las relaciones que te recuerdan quién eres. No pierdas el contacto: presta atención a cómo te sientes y no te olvides de cuidar las conexiones que de verdad importan.
