Cómo despejar y ordenar la mente: más espacio para pensar con más claridad

Tu hogar es mucho más que el escenario de fondo donde se desarrolla tu día a día. Cada objeto dentro de tu campo de visión envía una señal al cerebro. Un montón de papeles. Una estantería llena de cosas. La ropa apilada sobre una silla. Cada una de estas cosas lucha por nuestra atención, de una manera silenciosa pero constante, incluso cuando nos parece que no nos damos cuenta. Pero nuestro sistema nervioso es plenamente consciente de estas cosas. El desorden va más allá de lo físico. También afecta a nuestro sistema cognitivo.

De Laura Wabeke | 1 de septiembre de 2026 | 5 minutos de lectura

2020-02-20 Declutter

Una investigación de la Universidad de Princeton ha determinado que el desorden visual reduce la capacidad del cerebro para concentrarse, creando una sobrecarga cognitiva y haciendo que las tareas parezcan más difíciles de lo que son en realidad. Diversos estudios han establecido un vínculo claro entre el desorden en casa y unos niveles más elevados de cortisol, la principal hormona del estrés que genera el cuerpo. Cuando nuestro entorno resulta caótico, nuestros pensamientos también acaban desordenándose.

Esta conexión entre el espacio y el estado de la mente no es en modo alguno un descubrimiento reciente. Mucho antes de que la neurociencia le pusiera nombre, existían muchas tradiciones antiguas que se centraban en paliar sus efectos.

Cómo repercute el espacio sobre la mente

El cerebro es una máquina de reconocer patrones. Cuando más tranquila está es cuando es capaz de leer fácilmente el entorno que le rodea: con líneas limpias, superficies predecibles y una sensación de orden visual. El desorden provoca una sobrecarga del sistema. Cada objeto innecesario supone, en la práctica, un enigma y una pregunta que el cerebro es capaz de registrar pero a la que no sabe dar respuesta. Si hay muchos de ellos a la vez, caemos en un estado de fatiga mental de bajo nivel pero constante que nos impide descansar, concentrarnos o pensar de manera creativa.

La fatiga por decisión juega un papel importante. La investigación del psicólogo Barry Schwartz sobre la “paradoja de la elección” ha demostrado que cuantas más opciones tenemos, más nos agotamos mentalmente. Un hogar lleno de cosas multiplica constantemente las decisiones que tenemos que tomar: dónde sentarnos, dónde dejar las cosas y dónde encontrar lo que necesitamos en cada momento. Son decisiones muy pequeñas pero que, al acumularse, tienen un coste muy alto.

Los espacios despejados, por el contrario, fomentan lo que los psicólogos denominan “reparación de la atención”, la capacidad de dar a la mente la oportunidad de descansar y recuperarse. El espacio permite a la mente respirar.

Cuando despejas una superficie, eliminas una incógnita para el sistema nervioso.

La sabiduría de las tradiciones antiguas

Mucho antes de que la neurociencia le pusiera nombre, culturas de todo el mundo eran ya conscientes de que espacio y el espíritu están íntimamente ligados.

El feng shui, el antiguo arte chino de la disposición espacial, sostiene que el flujo de energía (o qi) a través de un espacio afecta directamente al bienestar de quienes lo habitan. Si bloqueamos esos flujos de energía, creamos un estancamiento no solo físico sino también emocional. Los espacios despejados permiten que la vida siga en movimiento.

El concepto japonés de wabi-sabi va un paso más allá y defiende que la belleza no está en la acumulación sino en la sencillez. La ausencia deliberada de excesos nos permite estar presentes. Una pared desnuda no supone un vacío, sino una invitación a prestar atención a lo que nos rodea.

Las tradiciones monásticas de incontables culturas han practicado desde siempre lo que ahora llamaríamos “esistencialismo radical”: quedarse solo con lo imprescindible, no como acto de privación, sino como herramienta para vivir de manera consciente. Cuantas menos distracciones te rodeen, más atención podrás prestar a tus pensamientos.

Prácticamente todas las culturas celebran el paso de una estación a la siguiente con un rito de limpieza, en el que se abren las ventanas, se limpian todas las superficies y se dejan ir las cosas que ya no sirven. Es mucho más que higiene. Se trata de eliminar la energía estancada para hacer espacio para lo que necesita la nueva temporada.

Con el cambio de estación, ese instinto de construir nuestro nido nos pide dejar ir lo que ya no nos resulta útil.

Seis hábitos para tener un hogar y una mente más despejados

1. Empieza poco a poco y ve cogiendo impulso

A nuestro cerebro le encanta que acabemos las cosas. Empezar a ordenar algo tan sencillo como un único cajón, un estante o una encimera crea una pequeña sensación de satisfacción que poco a poco se suma a las demás. Puedes combinar esa sesión de limpieza con un hábito que ya tengas. Por ejemplo, ordena la encimera de la cocina mientras haces el café o limpia el lavabo después de lavarte la cara. Vincular una nueva práctica con una que ya tenías te ayuda a sostenerla con el paso del tiempo.

2. Haz la cama

Puede parecer muy básico, pero el efecto que tiene es infinitamente mayor que el esfuerzo que requiere. Hacer la cama equivale a comprometerse con el día antes incluso de que empiece: es un acto que prepara al cerebro para hacer todo lo demás. También es la primera señal visual que recibes cada mañana y lo último que ves antes de dormirte. Aprovéchala al máximo.

3. Plantéate lo que tienes en el armario

Un armario desordenado y hasta arriba de cosas crea una fatiga por decisión desde antes incluso de que empiece el día. Cada prenda que no te pones es una pregunta que necesitas responder. Deja ir todo lo que no te hayas puesto en un año. Dónalo. Quédate solo con lo que de verdad te apetece ponerte y deshazte de esas prendas que tienes en el armario por culpa, por nostalgia o “por si acaso”. Un armario bien razonado y cuidado, igual que las ideas, apuesta por la calidad en vez de la cantidad.

4. Reduce tu baño a lo esencial

Muchas veces, el baño es la habitación más pequeña y caótica de la casa. Dejar a la vista solo los básicos que usas a diario y guardar todo lo demás donde no se vea aporta una reparadora sensación de calma. Te resulta más fácil encontrar los productos que de verdad usas y el baño se convierte en lo que siempre debería ser: un lugar en el que desconectar en vez de sentirse abrumado.

Los básicos del cuidado de la piel que merece la pena tener a la vista son los productos que usas a diario, cuidadosamente elegidos y no simplemente acumulados de manera inconsciente. Productos de ducha y baño que transforman el espacio en un lugar cuidado y no en un mero almacén de cosas.

5. Usa el aroma como un ancla emocional

El aroma lo procesa directamente el sistema límbico, la parte del cerebro responsable de las emociones y la memoria. Por eso es uno de los métodos más rápidos para cambiar el ambiente de cualquier espacio. Una fragancia que hueles una y otra vez se convierte en un ancla, una señal que envías al sistema nervioso para decirle que estás en un lugar donde relajarse y repararse.

Las barritas aromáticas para el hogar ofrecen un aroma constante que notamos de fondo y del que sentimos más el efecto que la fuente. Velas aromáticas para dar un toque ceremonial al acto de limpiar y despejar el espacio: enciende una cuando empieces y vincula el aroma para siempre con ese momento de cambio deliberado. Los ambientadores en espray tienen un efecto instantáneo y logran crear un ambiente totalmente distinto rápidamente después de un día difícil o ajetreado.

6. Reinicia cada día, no cada mes

Muchas veces, el desorden se acumula porque tratamos las tareas de limpieza como un proyecto en vez de como una práctica constante. Con solo diez minutos al día, cada día, verás mejores resultados que si te pasas un día entero al mes limpiando. Por la mañana: limpia las superficies antes de salir de casa. Por la noche: coloca cada cosa en su sitio antes de irte a dormir. Piensa en cómo quieres que te reciba la casa al volver a ella y recuerda que depende de cómo la dejes al marcharte.

Crea espacio para la persona en la que te quieres convertir

Una habitación ordenada invita a pensar de manera ordenada. El orden permite establecer una intención clara. La intención determina las personas en las que nos convertimos.

La neurociencia ha demostrado lo que las tradiciones antiguas han sabido siempre: el entorno del que te rodeas importa. Influye de manera callada en tu estado de ánimo, tu concentración, tu creatividad y tus emociones.

El orden, visto desde esta perspectiva, no es una tarea que se pueda relegar al fin de semana. Se trata de un acto continuo de cuidado: para tu hogar, tu mente y la versión de ti que necesita espacio para salir a la luz cuando todo está en calma.

Cuando despejas y pones orden en el espacio que te rodea, ordenas también tu espacio interior.

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