Saborea cada puesta de sol: aprende a vivir sin prisa las noches de este verano

Nos encanta que llegue el verano porque su calidez viene acompañada de muchas cosas buenas. Es la temporada de las frutas más dulces, amanece antes y anochece más tarde, y los maravillosos atardeceres difuminan el paso del día a la noche. Y esas horas extra de luz nos regalan un tiempo prestado después de trabajar, hasta que nos damos cuenta de lo tarde que es cuando miramos el reloj. Las calles, los parques y las terrazas siguen llenas de gente, charlando, disfrutando de la comida, la bebida y las risas compartidas. 

 

Estas largas tardes son uno de los momentos más agradables del año. Un estudio en Reino Unido ha determinado que pasar un par de horas a la semana al aire libre está muy vinculado con un mejor estado de ánimo y bienestar en general, lo que puede resultar bastante obvio cuando estás disfrutando de esos momentos. Si además lo haces en compañía de tus amigos, las ganas de volver a casa desaparecen del todo. Son ocasiones sin ninguna aspiración de grandeza, sencillas, pero precisamente por eso nos permiten relajarnos. 

 

El ambiente cambia la manera en que nos comportamos. Nos quedamos más rato de lo que pensábamos, alguien sugiere pedir otra ronda y de repente casi es noche cerrada (para sorpresa de nadie). Durante un rato, no tenemos que hacer nada con prisa. Pero con el verano también llega la tentación de hacer más de lo que realmente podemos disfrutar. Las tardes parecen un tesoro escaso y por eso intentamos aprovechar cada rayo de sol y decimos que sí a todos los planes. O nos metemos en las redes y parece que todo el mundo está viviendo una vida de ensueño frente a una puesta de sol, con algo delicioso en la mano. Es natural querer aprovechar al máximo cada minuto, pero eso a veces tiñe de cierta ansiedad los momentos pensados para relajarnos. 

 

Por eso es importante apostar por un ritmo más lento, por dejar que las veladas tomen la iniciativa y dar espacio a la espontaneidad y la calma. 

 

1. Cena fuera (incluso si es martes) 

No todas las noches de verano necesitan planificarse al máximo. Sal a cenar al aire libre, aunque solo seas tú y tu plato de ensalada. Siéntate en el parque si no tienes terraza o jardín, o acércate a la ventana para notar el aire nocturno. Come a un ritmo más lento del habitual. Observa a la gente, a los perros. Que la calle sea tu nuevo Netflix. 

 

2. Come algo veraniego 

Decidir y preparar lo que comes hace que todo sepa mejor. Si puedes, ve a recoger la fruta que vas a saborear: fresas, cerezas o cualquier cosa de temporada. Si no, elige lo que más te guste del mercado. Llévatelo a casa y cómelo con las manos, disfrutando de sus sabores. O échaselo a una bebida para celebrar con un brindis hasta los días más cotidianos.  

 

3. Date un baño 

Si te apetece algo más activo, puedes acabar la jornada bañándote en la naturaleza para lavar el estrés del día a remojo. Puede ser también tu ejercicio diario, pero lo importante es que cambiará por completo tu estado de ánimo. Un estudio reciente de la Universidad de Exeter determinó que nadar en aguas naturales puede mejorar el estado de ánimo y reducir el estrés y si el agua está bien fría, mejor todavía, aparentemente. Rodearse de naturaleza también ofrece una sensación especial, gracias a la tranquilidad y el entorno. Es casi una lección de humildad. Pero no te olvides de comprobar las directrices locales de cada lugar y de nadar de manera segura. 

 

4. Repite un gesto pequeño 

Repetir un gesto pequeño cada noche te ayuda a reducir el ritmo. Un hábito familiar permite a la mente dejar de tomar decisiones durante un rato y aporta a la noche un ritmo suave. No tiene por qué ser nada espectacular: pueden ser veinte minutos con un libro o escribiendo en tu diario junto a la ventana, un paseo por el barrio después de cenar, dar las buenas noches a los vecinos por la ventana, estirar un poco o realizar unas respiraciones al anochecer en el balcón. 

 

5. Aprovecha la hora azul 

Con el horario un poco trastocado, los días entre semana se parecen un poco más a las vacaciones. El truco consiste en irse cuando aún te sientes bien y no cuando estás a punto de saturarte. Si resulta seguro, vuelve a casa a pie durante la hora azul, ese momento en el que el cielo adquiere un profundo color azul y las aceras aún retienen algo del calor del día. Es una acción sencilla, pero que puede cambiar por completo la manera de terminar el día, y lo notarás también a la mañana siguiente. 

 

6. Termina el día con calma 

Antes de meterte en la cama, date una ducha para eliminar el estrés y la crema solar. Pon todos tus sentidos: nota el frescor del agua, el aroma del jabón, el calor que aún puedes sentir en la piel. Deja la ventana ligeramente abierta si puedes para que entre el aire nocturno. Ponte una música tranquila (o deja que entre el canto de los grillos) para bajar el ritmo del cuerpo y la mente. Los hábitos relajantes como estos ayudan al sistema nervioso a detectar que el día está terminando y permiten a tu cuerpo dormir mejor y prepararse para volver a empezar al día siguiente. 

Cleo Davis

Cleo Davis

Cleo Davis is a fashion and lifestyle copywriter, and a contributor to magazines. She writes about (and enjoys) the good things in life, as well as the quieter moments that invite a little more reflection. Born in the UK and now living in Amsterdam, she can be found in a hot yoga studio or discovering new cafés, usually in search of a very good pastry.