Paz y gratitud en tiempos difíciles

Cuando ocurre lo que más tememos en la vida, sentir esperanza ante el futuro y apreciar lo bueno que tenemos en el presente puede resultar muy difícil. En este artículo, la escritora Poorna Bell nos cuenta cómo cultivar la gratitud le ayudó a encontrar la paz tras la muerte de su esposo

Unos meses después de la muerte de Rob, mi marido, una amiga intentó reconfortarme diciendo: “Al menos ya ha pasado lo peor”. Recuerdo que me reí. Seguro que, para muchas personas, que tu marido se quite la vida a la edad de 34 años es lo peor que podría pasar. Pero sufrir un duelo y un trauma tan profundo tan solo cuatro años después de casarme, lo único que consiguió hacerme entender es que, la mayor parte del tiempo, tenemos muy poco control sobre nuestras vidas. En concreto, que pasar por lo peor no te aísla de otras cosas que van a sucederte más adelante. Puede sonar nihilista, pero lo contrario también es cierto. Puede que en su momento no me diera cuenta, pero la vida tiene un potencial inmenso para la alegría y la satisfacción.  

 

Incluso sin una tragedia de por medio, a menudo es difícil darse cuenta de ello a diario. No aprendemos de manera natural a dedicar tiempo a apreciar las cosas buenas que tenemos en nuestra vida y también puede haber una explicación biológica para ello. Un estudio de 2018 de la Universidad de Standford determinó que tenemos una mayor facilidad para recordar las experiencias negativas que las positivas, lo que indica que esta capacidad puede tener sus orígenes evolutivos en la supervivencia. Hay un mayor incentivo, por ejemplo, en recordar que un depredador puede matarte que el apreciar la calidez de un día soleado o unas preciosas vistas.  

 

Pero si pasamos por la vida sin reconocer las cosas que tenemos y lo que hemos conseguido, todo ello cuenta para bastante poco. Al contrario, apreciar lo que tenemos y la gratitud que sentimos en consecuencia, es de gran ayuda a la hora de lidiar con momentos difíciles.  

 

En el primer año tras la muerte de Rob, pasé por muchos momentos de catarsis y de enfado. No solo hacia la situación en la que me encontraba, también por lo injusto que era todo. Todo lo que era capaz de hacer era comparar mi vida con la de los demás y me daba la sensación de que nunca iba a poder ponerme al mismo nivel. Sin embargo, llegó un punto en el que me di cuenta de que estaba en una encrucijada. Podía seguir dándole vueltas a lo que había perdido o podía fijarme en lo que ya tenía y lo que quería conseguir.  

 

Al principio, volver a recomponer mi vida me parecía imposible. Pero cuando empecé a escribir sobre Rob, no solo sobre su pérdida sino también sobre la necesidad de desestigmatizar la depresión y el suicidio, inesperadamente recibí grandes dosis de bondad de desconocidos. Me llegaron cientos de correos de personas que habían estado en una situación similar a la mía o a la de Rob. Lo que más me impresionó de todas esas cartas es la solidaridad y el apoyo, pero también recibí algo de suma importancia: esperanza. La posibilidad de un futuro que podía ser mejor y que no iba a estar siempre tan lleno de dolor.  

 

Recuerdo sentarme en la cama a leer esos mensajes y notar una increíble sensación de gratitud. Estos desconocidos se habían tomado la molestia de ponerse en contacto conmigo. En ese momento, sentí lo poderoso que puede ser el contacto humano, por muy pequeño que sea, y cómo puede ayudarnos a sentirnos menos solos. Su bondad, junto con la ayuda de mis amigos y mi familia, me recordaron que la gente sí se preocupa por los demás. Me enseñó una lección importante: que cuando me siento sola o aislada es una señal de que necesito hablar con alguien.  

 

Una de las cosas más potentes que entendí era a la vez muy sencilla: la importancia de darnos cuenta de las cosas buenas y pequeñas que nos pasan en el día a día. La mente dividida de John Sarno me enseñó que siempre nos damos cuenta cuando algo nos duele o va mal, pero que expresar en voz alta las cosas buenas también tiene un gran poder. Es como si reescribiéramos lo que el cerebro nota y cómo nos sentimos en consecuencia. Pese a que al principio me sentía un poco ridícula diciendo en voz alta, aunque estuviera a solas, cosas como: “Me ha gustado mucho salir a correr” o “Hoy me siento feliz”, empecé a darme cuenta de que así percibía mejor los momentos en los que me sentía bien. En concreto, en un entorno de duelo, donde todo parece oscuridad y dolor, dedicar unos instantes a expresar en voz alta mi gratitud brillaba como un faro en la noche.  

 

Pero lo que mayor repercusión tubo fue recopilar mis momentos de gratitud. Ya conocía los beneficios de tener un diario y cómo podía ser una válvula de escape para el estrés a corto plazo. Pero el mayor beneficio para mí fue echar la vista atrás y releer los diarios transcurrido un tiempo. Vi lo mucho que había evolucionado y cómo esos pequeños cambios, desde controlar mi rutina a la hora de dormir hasta dejar mi trabajo, crearon un terreno más firme por el que moverme. También me recordaron las veces que había superado cosas que me parecían imposibles, lo que me ayudó a dudar menos de mí misma.  

 

Hasta intenté que una amiga se involucrara en el proceso. “Una vez a la semana, vamos a mandarnos un mensaje con tres cosas por las que estamos agradecidas”, propuse. Aunque costó coger la costumbre, cuando lo logramos nos ayudó a dejar a un lado los pensamientos negativos.  

 

Además, cultivar la gratitud te permite ver lo enorme que es la vida y lo mucho de lo que somos capaces. Fue el cambio de perspectiva más grande. Cuando perdí a Rob, no era capaz de pensar en cómo sobrevivir al siguiente día, mucho menos a la siguiente semana o al siguiente mes. Nunca me hubiera imaginado que siete años después tendría una vida feliz y plena. La gratitud me ha permitido entender lo fuerte que soy, porque veo lo fuerte que he sido y me ayuda a superar desafíos futuros. No significa que en el futuro no vayan a pasar cosas malas, pero sí que me ayuda a tomar decisiones sanas para mí, para vivir el momento y ser feliz. Y si algo malo vuelve a pasar (y sé que puede ocurrir) la gratitud es un lugar mucho mejor desde el que recuperarme que el que tenía en el pasado.