La nueva tendencia de “vivir más despacio” se inspira en la estética de la música lo-fi, deliberadamente natural y sin pretensiones, centrándose en aceptar lo imperfecto y llenar la vida de momentos sencillos.
El mundo nunca había resultado tan ruidoso, rápido y conectado como la actualidad. Estamos rodeados de notificaciones, actualizaciones de feeds e infinidad de tareas que nos proponemos completar al mismo tiempo. Frente a esta situación, muchas personas están descubriendo el encanto tranquilo de lo que se ha denominado “una vida lenta y consciente”.
Se trata de una mezcla de dos movimientos que tal vez ya conocías. En primer lugar, la tendencia del “slow living”, que nos anima a hacer las cosas de manera más deliberada, consciente y a un ritmo no tan acelerado. Algunos ejemplos que te pueden sonar son cocinar en casa y desde cero, disfrutar de mañanas tranquilas o elegir calidad sobre cantidad. Esto también se relaciona con la tendencia a dar más valor a los pequeños logros cotidianos que a los grandes hitos vitales. Al contrario de las anteriores generaciones, no todos nos podemos permitir comprar una casa o celebrar una boda por todo lo alto, y nos cuesta más conseguir un ascenso. Por eso, en vez de esperar a celebrar solo los grandes hitos de la vida, nos animan a recordar también las pequeñas cosas que conseguimos poco a poco. La segunda gran inspiración de nuestra tendencia es el Lo-Fi, término que hace referencia a la baja fidelidad. Aunque originalmente era un término propio del ámbito de la música, se ha convertido en sinónimo de una estética natural y sencilla, lejos de lo ostentoso y lo pulido, como las canciones de los LP o los vídeos y fotos con mucho grano de antaño. Piensa en “cosy” y analógico.
Al unir esas dos ideas obtenemos “Slo-Fi Living”, una versión moderna del detox digital que no defiende dar la espalda a la tecnología por completo, sino contrarrestarla también con rutinas analógicas que nos permitan estar más presentes.
Malminder Gill, terapeuta y experta en sueño, nos explica que estos cambios son importantes porque “si pasamos todo nuestro tiempo de ocio haciendo scroll en redes sociales o leyendo emails, acabamos activando nuestro modo de alerta. Las actividades offline, como hacer journaling, pintar o sacar fotos analógicas, nos ofrecen algo que no pueden darnos las pantallas: estar conscientemente presentes en el aquí y ahora”.
Las prácticas relacionadas con el “Slo-Fi Living” ofrecen un potente contrapunto a la sobrecarga digital. Nos ayudan a calmar las mentes sobreestimuladas, nos devuelven al presente y nos recuerda que no todo tiene que ir a la velocidad de un reel. Si te parece que a tu vida le falta calma, creatividad o presencia consciente, te encantará el “una vida más pausada y auténtica”. Te damos seis sencillas maneras de empezar a vivirlo.
Recuerdos analógicos
La fotografía analógica fomenta la paciencia. Como no permite visualizar la imagen al instante, cada una de las fotografías necesita ser intencionada y la anticipación del revelado hace que el resultado sea aún más especial. Los bordes desenfocados, los encuadres imperfectos y las luces inesperadas nos aportan un extra de encanto y personalidad. Como explica Malminder Gill, “los momentos offline como la fotografía analógica nos permiten centrarnos en el proceso, nos retienen en el momento presente y nos regalan el espacio necesario para ser creativos”. En vez de sacar infinitas fotografías de todo, seleccionar lo que capturas se convierte en una actividad mindful pensada para recordar en vez de para complacer a un algoritmo. El resultado es un álbum de imágenes que reflejan la vida como de verdad ocurre: de manera impredecible, imperfecta y maravillosa.
Cambia tu teléfono a blanco y negro
Uno de los trucos más sencillos del “Slo-Fi Living” es cambiar la pantalla de tu móvil para que solo muestre una escala de grises. Sin todos esos colores, los feeds resultan menos adictivos. Tristan Harris, cofundador del Center for Humane Technology, ha señalado que el color dispara el sistema de recompensas del cerebro. Al eliminarlo conseguimos que los dispositivos se conviertan en algo funcional y no en una fuente de entretenimiento. Al apagar los colores, también apagamos el ansia por hacer scroll. Si sueles caer en la trampa del “solo cinco minutos”, este pequeño cambio puede ayudarte a romper esa necesidad y recuperar el tiempo y la atención para las cosas que de verdad importan.
Establece horas sin tecnología
El “Slo-Fi Living” busca dar espacio a la calma. Una manera de lograrlo es establecer unas horas cada día que estén libres de cualquier tecnología. Pueden ser mañanas sin mirar el teléfono o noches sin pantallas; lo importante es que ayuden a resetear la mente. Christine Schneider, psicóloga clínica, nos explica que “cuando elegimos escuchar música sin hacer otras cosas a la vez o prepararnos una taza de té sin mirar el móvil, estamos mucho más presentes. Esa presencia consciente está muy relacionada con unos niveles de estrés más bajos, una mejor regulación emocional y un aumento de la creatividad”. No necesitas muchas horas sin tecnología, pero sí es bueno hacerlo con frecuencia, para que se conviertan en momentos reparadores que actúen como un ancla consciente en tu día. En un mundo marcado por la naturaleza adictiva de las pantallas, lograr momentos regulares sin tecnología es un pequeño logro digno de celebrarse.
Vuelve a disfrutar de películas y series antiguas
Como hemos dicho antes, el “Slo-Fi Living” no rechaza la tecnología. De hecho, visualizar cosas que de verdad te gustan puede ser un ejemplo de esa tendencia. Volver a ver tus películas y series favoritas ofrece una sensación de familiaridad que calma en vez de sobreestimular. Muchos creen que ver cosas con un punto de nostalgia puede reducir el estrés, mejorar el estado de ánimo y ayudarte a sentir un mayor equilibrio emocional. En vez de perderse entre las infinitas novedades, intenta incluir en tu rutina semanal algo “retro”. Puedes optar por una serie de los noventa, una película clásica en blanco en negro o algo que te encantara de pequeño. No se trata de dar la espalda por completo a las pantallas, sino darte permiso para relajarte y disfrutar de algo que ya te guste. A veces las historias que ya conocemos son las que más nos reconfortan.
Escribe a mano
Actualmente, sacar la app de notas del móvil parece más sencillo que buscar papel y boli y, si no has escrito nada a mano desde hace mucho, puede que te hayas olvidado hasta de qué letra tienes. Sin embargo, ese tipo de escritura tiene muchos beneficios. En cuanto acercas el boli al papel, notas cómo bajas el ritmo y buscas las palabras adecuadas de manera más consciente.
Como señala Christine Schneider, “al escribir a mano, las ideas suelen fluir más despacio y tendemos a reflexionar más. Esa presencia consciente está muy relacionada con unos niveles de estrés más bajos y un aumento de la creatividad”. Ya sean listas de gratitud, de cosas por hacer o un diario, escribir a mano ofrece una ocasión para centrarnos y bajar el ritmo. También es maravilloso poder echar la vista atrás y ver nuestras ideas pasadas, recuerdos y momentos que de otra manera habríamos olvidado.
Redescubre alegrías de toda la vida
Los hábitos de siempre tienen un encanto muy particular. El vinilo girando en el tocadiscos, elegir y enviar una postal o sentarse con un álbum de fotos antiguas nos parece especial porque requiere un poco más de tiempo del que estamos acostumbrados. Estas alegrías analógicas aportan textura a la vida y están escondidas en la cotidianidad. Prueba a encender una vela para cenar, darte un buen baño, leer un libro en papel antes de dormir, cocinar algo sin prisa o incluso hacer café lentamente en una cafetera italiana. Son solo algunos ejemplos de pequeños hábitos que puedes incorporar a tu día a día. Incluso puedes animarte a practicar una actividad manual, como tejer o bordar: crear algo con tus propias manos desde cero es otro pequeño logro digno de celebrarse. Como nos recuerda Malminder Gill, las experiencias táctiles como estas calman el sistema nervioso y nos aportan una gran sensación de relajación y creatividad.
La tendencia del “Slo-Fi Living” busca el equilibrio, vivir a un ritmo más lento y disfrutar de momentos analógicos que nos hagan sentir presentes. No defiende una vida perfecta ni hiperproductiva, sino los pequeños momentos como escribir a mano, escuchar sin hacer otra cosa a la vez o pasar tiempo offline. Estas prácticas son sencillas, pero sus beneficios son muy profundos: concentración, menos estrés y una conexión más fuerte con los demás y con nosotros mismos.
Como nos recuerda Christine Schneider, “lo que resulta especialmente sorprendente es lo accesibles que son estos hábitos. No requieren grandes cambios en nuestro estilo de vida, solo elegir de manera consciente establecer momentos de pausa y prestar atención a lo corriente. Con el tiempo, el efecto de esas pausas se multiplica y la gente suele sentirse más calmada, consciente y conectada con los demás y con uno mismo”. En una cultura obsesionada con la velocidad, bajar el ritmo es un acto de auténtico lujo.
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