Mucho antes de que se pusieran de moda los baños naturales, en agua helada y los largos cronometrados, el agua era ya un elemento renovador. Los antiguos baños públicos, los ríos sagrados y las aguas termales no solo servían para limpiarse a nivel físico, también espiritual. Ofrecían una oportunidad de reflexionar con calma, meditar y volver a conectar con la naturaleza y, a veces, con los dioses.
Actualmente, con un ritmo vital cada vez más frenético, nos cuesta más encontrar tiempo para todo y la carga emocional de vivir tiempos convulsos se vuelve más pesada. Por eso, no es de extrañar que muchas personas vuelvan a sentirse atraídas por el agua, por su capacidad de envolver el cuerpo y el alma y de restaurar el equilibrio emocional. El denominado bienestar azul o Blue Wellness se ha convertido en una manera de reconectar con uno mismo.
Por qué nos atrae el agua
En su libro, ‘Blue Mind: How Water Makes You Happier, More Connected and Better at What You Do’ (Little Brown), el fallecido biólogo marino Wallace J Nichols defendía que estar dentro o cerca del agua nos ayuda a adentrarnos en un estado mental “azul”, lleno de paz, calma y claridad, y a dejar a un lado el estado “rojo”, que se caracteriza por el estrés, la ansiedad y la sobreestimulación, o el estado “gris”, en el que nos sentimos entumecidos, cansados y deprimidos. Nichols escribió que el agua puede tener un profundo impacto en la química cerebral, aumentando el nivel de endorfinas como la dopamina y la oxitocina, y en nuestra química corporal, reduciendo el cortisol y la presión arterial. También afirmó que volver a acercarnos al agua mejora nuestra capacidad de resolver problemas y de ser creativos, algo que podíamos saber a un nivel inconsciente, pero que ahora ha quedado demostrado por la ciencia.
Distintas investigaciones sobre la denominada “Blue Mind” sugieren que los entornos acuosos pueden ayudar a activar la red neuronal predeterminada del cerebro, el sistema responsable de reflexionar, imaginar y pensar de manera creativa, lo que podría explicar por qué tantas de nuestras mejores ideas se nos ocurren en la ducha o la bañera. Cuando la mente no está ocupada en otras tareas y puede vagar con libertad y calma, abre sus puertas a infinitas oportunidades y es capaz de establecer conexiones creativas que parecían inalcanzables apenas unos instantes antes. El ritmo pausado del agua, su manera de caer y su calidez ofrecen las condiciones perfectas para que la creatividad salga a la superficie. No es de extrañar que muchos escritores y artistas se den una ducha cuando se sientan bloqueados.
Lo que tenemos claro es que el agua y el bienestar azul nos atraen a un nivel instintivo. A lo largo de la historia, la humanidad siempre ha estado atraída por el agua, que ha sido fuente de consuelo y de calma gracias también a sus sonidos y aromas. Por eso estamos tan orgulloso de apoyar a National Geographic Pristine Seas con nuestra iniciativa 10% Profit Pledge*. El objetivo de esta organización es establecer zonas marinas protegidas por todo el mundo y ayudar a recuperar las zonas más degradadas.
Rutinas y autocuidado
A nivel físico, el agua es ligera y potente al mismo tiempo. El agua caliente dilata los vasos sanguíneos, mejora la circulación y elimina la tensión muscular y, en cuanto nos sumergimos en ella, su flotabilidad reduce la presión sobre nuestras articulaciones y permite que el cuerpo se relaje. Bajamos los hombros, dejamos de apretar los dientes y empezamos a respirar de manera más profunda.
Esa liberación es mucho más que un momento de calma al final del día, es una auténtica terapia. Un baño con una dosis de tu aceite favorito puede reducir esos síntomas físicos de estrés que hacemos todo lo posible por ignorar.
El poder transformador de una ducha es igual de importante. Alternar entre el agua caliente y fría puede potenciar la circulación y revitalizar los músculos, mientras que la ducha matutina es el momento perfecto para reflexionar sobre lo que queremos lograr ese día y prepararnos para la jornada.
La hidratación, además, es un acto de autocuidado. Beber agua llena de potencial nuestras células, nos revitaliza desde dentro y fomenta la digestión, la función cognitiva y la energía. A un nivel más superficial, cuando hidratamos la piel nos aseguramos de que el órgano más grande del cuerpo está equilibrado, nutrido y protegido. Cuando la piel está bien hidratada funciona mejor y su barrera protectora resulta más potente. Por su parte, ingredientes como el ácido hialurónico ayudan a la piel a atraer y mantener la hidratación, para que tenga una sensación equilibrada y reconfortante, además de un aspecto radiante. Una rutina de cuidados hidratante repetida dos veces al día es mucho más que una costumbre: es un recordatorio de la importancia de mimarnos.
Introduce el bienestar azul en tu día a día
El bienestar azul no nos anima a escapar de nuestra vida cotidiana sino a sumergirnos en ella con calma, para estar presentes y en equilibrio. Al volver al agua, volvemos a nuestra esencia…
- Empieza el día con una ducha breve y consciente. En el tiempo que pasas debajo del agua, deja que la mente vague libre y establece los objetivos del día.
- Una vez a la semana, date un baño tranquilo. No te lleves el móvil; aprovecha ese rato para conectar con tus pensamientos o nutre tu imaginación con un libro. Enciende una vela para crear un ambiente relajante y concéntrate unos instantes en la respiración para reponer energías tomando y soltando el aire de manera profunda y premeditada.
- Empieza y termina tu día con una rutina hidratante. Hidrátate de pies a cabeza con fórmulas que permitan a tu piel retener la hidratación, como nuestra crema de día hidratante y la loción corporal en mousse, aplicándotelas de manera pausada y consciente, aprovechando esos momentos para volver a conectar con tu cuerpo.
*Como parte de nuestro 10% Profit Pledge, desde Rituals nos comprometemos a destinar un 10 % de nuestros beneficios netos* a causas que tengan un impacto positivo en las personas y el planeta. Tienes más información sobre nuestro 10% Profit Pledge aquí.
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