¿Te has olvidado ya de tus propósitos de año nuevo? Marzo es el momento perfecto para volver a intentarlo.

¿Nuestro nuevo mantra? “La primavera es el momento de reflexionar y reiniciar”. Aunque para muchas personas el inicio del año es la época de los nuevos propósitos, el “año nuevo, vida nueva” no le funciona a todo el mundo. De hecho, el 80 % de nosotros reconoce haber dejado de lado los propósitos de año nuevo en febrero, por lo que muchos sentimos que hemos fracasado antes de que llegue la primavera.

 

A diferencia de enero, la primavera es el momento perfecto para aprovechar todo nuestro potencial. Como pasa con la naturaleza, los humanos florecemos en primavera. La ciencia ha demostrado que el mayor número de horas de luz activa la glándula pineal del cerebro para reducir la melatonina (la hormona que controla nuestro ritmo circadiano y nuestro estado de ánimo). Y una menor cantidad de melatonina nos hace más felices y nos llena de energía, lo que significa que se dispara el entusiasmo y la confianza. Por eso es un momento mucho más apropiado para reflexionar y reactivar nuestros hábitos, así como para mejorar nuestro bienestar.

 

“En los meses de invierno, tiene sentido seguir la estrategia del hygge danés de meterse debajo de la manta y no salir”, nos cuenta la doctora Heather McKee especialista en cambios de comportamiento. “Mientras que en primavera, al haber más luz y tener más energía, estamos más motivados”.

 

En vez de tirar la toalla con los propósitos de año nuevo, mejor párate a pensar qué tal te ha ido hasta el momento. Reflexiona sobre lo que de verdad quieres cambiar este año, aprende de los fallos que cometes una y otra vez e identifica los hábitos que de verdad te motivan. Recuerda que aún te quedan tres cuartos del año para alcanzar tu verdadero potencial. Te explicamos cómo lograrlo:

 

1. Reflexiona sobre tus objetivos

“Los hábitos se crean cuando hacemos lo mismo y en las mismas circunstancias durante el tiempo suficiente”, explica Heather. “Por lo tanto, si tu objetivo es meditar a primera hora durante 20 minutos todos los días, pero los niños no dejan de interrumpirte, lo más probable es que no lo vayas a conseguir”.

 

Ser realista es importante y hay que adaptar los objetivos a tu contexto. “A lo mejor te resulta más fácil meditar durante menos tiempo antes de irte a la cama por la noche”, comenta Heather. “Date la oportunidad de experimentar hasta que encuentres lo que te funciona, para no perder el hábito.”

 

Combinar los hábitos, es decir, introducir algo nuevo en una rutina ya existente, es una táctica muy útil para objetivos pequeños. Como aumentar el número de pasos mientras paseas y hablas por teléfono, hacer sentadillas mientras se hace el café o decir afirmaciones positivas en la ducha. Reflexiona sobre cómo sería la combinación perfecta para alcanzar tus metas.

2. Establece objetivos más pequeños

Mucha gente abandona sus propósitos porque se pone desafíos demasiado difíciles. Cuando las cosas se ponen feas, es normal que tiren la toalla.

 

“Si sentimos que nos hemos decepcionado o que no hemos conseguido lo que queríamos, liberamos hormonas negativas que nos dicen que lo que hacemos no nos gusta”, explica Heather.

 

¿Cómo podemos evitarlo? Divide tu meta en objetivos más pequeños y realistas. El chute de dopamina que notas cada vez que alcanzas un objetivo te animará a seguir adelante.

 

Es una táctica que Heather también usa personalmente. “La terapia de agua fría es muy buena, pero yo soy una quejica. En vez de darme una ducha helada durante los 20 segundos que recomiendan, yo he empezado con tres. Así siento que estoy avanzando y me anima a repetir el mismo comportamiento. Poco a poco, lograré hacerlo durante más tiempo”.

 

3. El poder de la compasión

Para Heather, la compasión hacia uno mismo es clave para alcanzar los objetivos y cambiar los hábitos. “Cuanto más nos animemos, más posibilidades tendremos de lograrlo”, afirma.

 

Es muy poderoso. Se ha demostrado que la personas que muestran una mayor compasión hacia ellas mismas son más felices, están más satisfechas con su vida, más motivadas, tienen mejores relaciones y una mejor salud mental, con menos ansiedad y depresión.

 

La compasión también ayuda a la hora de afrontar los fracasos, porque los vemos como una parte del viaje, algo de lo que aprender. “Identifica por qué has fracasado. ¿Ha sido el estrés? ¿El cansancio? Cuando lo sepas, puedes aprender cómo evitarlo en el futuro”, comenta Heather.

 

En vez de machacarte por no ir al gimnasio el lunes por la mañana, perdónate y úsalo para aprender. ¿Los lunes por la tarde no te vienen bien porque te gusta hacer otras cosas? ¿O quizá te gusta empezar la semana con tranquilidad y prefieres no entrenar los lunes? Si muestras compasión hacia ti mismo y aceptas los fallos, podrás centrar tus esfuerzos de nuevo y volverás a motivarte. ¡Buena suerte!