Maravillas para los sentidos: la Tierra, vista desde arriba

Ver el mundo desde arriba es una experiencia transformadora. Las imágenes de paisajes tomadas a vista de pájaro son un delicioso banquete de colores vívidos, texturas y una belleza natural sobrecogedora: las diferentes transiciones de los océanos hacia la tierra, la imagen en tonos pastel saturados de las mujeres recolectando los lirios de agua o el impactante verde de los campos de arroz balineses.

 

Las fotografías aéreas muestran una perspectiva totalmente diferente de la superficie de la Tierra de la que observamos desde el suelo. No cabe duda de que ver una escena conocida desde un nuevo punto de vista tiene el poder de alterar nuestra visión del mundo.

 

Women washing water lilies in Tan Lap Village, Vietnam

La Tierra, vista desde el espacio

Nuestra curiosidad por ver el mundo desde arriba no es nada nuevo. En 1968, la tripulación del Apolo 8 se convirtió en el primer grupo de personas en ser propulsado en cohete lejos de la Tierra para orbitar la luna. Durante el viaje, William Anders tomaría una de las imágenes más significativas de la historia: la de un exuberante mundo emergiendo por encima del horizonte lunar. La icónica fotografía, etiquetada como «Salida de la Tierra», nos hizo tomar conciencia de la belleza y fragilidad de la Tierra, convirtiéndose en el motor del movimiento ecologista. Ver el planeta desde esta perspectiva —como el único elemento con color en un universo estéril— nos recuerda que como en casa, en ningún sitio.

 

Bird’s-eye view of Tegalalang rice terraces in Ubud, Bali

Cuestión de perspectiva

Las fotografías de paisajes tomadas desde el aire evocan aquel viejo refrán que rezaba «No dejes que los árboles te impidan ver el bosque». Y es que cuando nos enfocamos demasiado en los detalles nimios de nuestras vidas, perdemos de vista la imagen de conjunto, perdemos nuestra perspectiva. Las fotografías aéreas no solo ofrecen una perspectiva diferente, sino que además amplían el conocimiento que tenemos de nuestro alrededor. Nos recuerdan la inmensidad de lo que nos rodea y el lugar especial que ocupamos en ella.