Satsuki Shibuya habla de autenticidad, espiritualidad y los libros que la han marcado

La pintora y poeta Satsuki Shibuya comenzó su carrera en el mundo de la música, pero la llamada del arte fue más fuerte. Después de una misteriosa enfermedad, Satsuki comenzó a explorar su yo más auténtico, un viaje que cambiaría su vida. Hablamos con esta artista de Los Ángeles sobre cómo abrazar la autenticidad, la espiritualidad y su amor por el yoga.

 

 

Cuéntanos de dónde vienes. ¿Cómo te convertiste en artista?

Después de cambiar de trabajo, creé un estudio de diseño. Empecé a notar mucha presión y estrés, pasaba muchas noches sin dormir. No paraba de forzarme a mí misma a hacer más y más cosas, a ser más, a darme prisa, ganar dinero y lograr que mi negocio creciera. Nunca paraba, trataba de lograr el éxito que sentía que quería. Aproximadamente dos años después, sufrí una misteriosa enfermedad. Aún hoy desconozco qué me pasó. Han pasado unos ocho o nueve años y he recorrido un largo camino físicamente. Estuve postrada en la cama, no podía hacer nada y tuve que dejar de lado el trabajo por completo. Estuve en un lugar muy oscuro durante un tiempo, preguntándome qué era lo que quería en la vida, qué estaba haciendo conmigo misma. Y si de verdad merecía la pena.



Mi médico me sugirió que viera a un psicólogo porque no me pasaba nada físicamente. Y pensé: “Vamos a intentarlo”. Después de algunas sesiones, me sentó y me dijo: "No creo que tengas nada malo en el plano mental, creo que es espiritual. Creo que tienes que averiguar de qué se trata y volver a conectar contigo misma. Prueba a leer algunos libros, algo que te llame la atención". Odiaba leer libros por aquel entonces, pero seguí su consejo y comencé a buscar cualquier libro que me llamara la atención, y ahí es donde comenzó el viaje de verdad.



Era como si estuviera despertando de nuevo, me acordé de cuando era pequeña y notaba las distintas energías. Es como si, leyendo estos libros y aprendiendo la terminología de este otro mundo, energías y auras y cosas así, finalmente pudiera poner en palabras lo que estaba experimentando desde que era joven. Lo oculté durante mucho mucho tiempo. Cuando era más joven, recuerdo que, si conocía a alguien por primera vez, decía lo primero que se me viniera a la mente. Yo de niña no tenía filtro. Le preguntaba a completos desconocidos por qué eran de una determinada manera. Y esas personas me miraban y le decían a mi mamá: "¿Por qué sabe eso su hija o por qué dice esto otro?". Me di cuenta muy pronto de que veo el mundo de una manera muy diferente. Lo siento de un modo distinto. En aquel entonces me decían que no debía comportarme así, aunque lo dijeran sin ninguna mala intención. A través de ese proceso de lectura, comencé a sentir poco a poco que estaba despertando una parte de mí misma que había reprimido durante mucho tiempo.



Cuando comencé a reconectar con ese aspecto espiritual de mí misma, comenzaron a manifestarse muchas cosas. Mi salud comenzó a fortalecerse, y mentalmente comencé a hacerme también más fuerte. Las cosas empezaron a tener sentido de nuevo y ya no sentía que tuviera que esconderme detrás de una persona que no era realmente yo. Podía ser yo misma, sin importar cómo era.

 

Comencé a sentir poco a poco que estaba despertando una parte de mí misma que había reprimido durante mucho tiempo.

Unos dos años después de este proceso de reconectar con mi alma y mi espíritu, estaba tomando el té con un amigo. Recuerdo muy claramente que estaba volviendo a la cocina para guardar las tazas de té y literalmente escuché una voz que decía: "Tienes que pintar". Antes de ese momento, nunca había tenido una experiencia en la que hubiera escuchado una voz. No tengo ninguna experiencia con la pintura, nunca estudié pintura, ni siquiera me planteé pintar. Probé distintos formatos, pero nada era lo que buscaba, hasta que me dije: “Esto no funciona, a lo mejor estoy perdiendo la cabeza”. Pero cuando probé la acuarela fue como amor a primera vista. Era un formato que conectó conmigo de inmediato. Recuerdo que una mañana me desperté y pensé: “¿Sabes qué? Voy a pintar solo lo que sienta. Lo que noto en mi interior”. Nunca olvidaré lo que pinté en ese momento, supe que había encontrado lo que buscaba. Lo que de verdad quería pintar. Y así es como empezó todo.

 

¿Qué significa la espiritualidad para ti?

La espiritualidad, básicamente, es lo que somos como seres vivos. La espiritualidad nos anima a volver a conectar con nuestro espíritu, con la esencia de quiénes somos y por qué estamos en este planeta. Creo que mucha gente puede huir de la idea de espiritualidad por cómo ha sido deformada fuera de su contexto. Algunas personas pueden pensar que la espiritualidad es una religión o algún tipo de yoga. Son todas construcciones humanas que se alejan de la realidad. Creo que, en su versión condensada, es muy simple y puro: la espiritualidad está en la naturaleza, está en el aire que respiramos, está en el sol. Está en la música que escuchamos cuando nos emocionamos, está en el arte y los colores que conectan con nuestra alma.

 

Como artista, una forma de conectar a las personas con la idea de la espiritualidad es a través de las pinturas que creo o la poesía que escribo. Incluso mi nuevo podcast “Tapestry of Messages” es una forma de que las personas experimenten la esencia de la espiritualidad sin quedarse atascadas en lo que creen que debería ser. Me gusta sacarla de cualquier tipo de contenedor en el que esté y presentarla de una manera que creo que habla universalmente. Incluso si no hablas el mismo idioma, puedes sentir la espiritualidad. A través de esa experiencia, la gente comienza a darse cuenta de que la espiritualidad es lo que vivo y lo que soy, tal y como soy.

 

La espiritualidad es energía y sentimos energías positivas, como el amor, y negativas, como la ira. Todas las emociones son necesarias debido a las dualidades que hay en la tierra. No hay negro sin blanco, no hay noche sin día, por lo que no podríamos entender lo uno sin lo otro. Pero, dentro de ese contexto, elijo celebrar y centrarme en las energías más ligeras que tenemos en este planeta. Creo que es muy necesario que sigamos entendiendo que aunque [están sucediendo cosas negativas en el mundo], hay cosas que tenemos en nuestra vida cotidiana, incluso momentáneas, que nos aportan una alegría sencilla y profunda. Poder usar el baño cuando queramos. Poder comer y cocinar los alimentos que elijamos. Incluso elegir las verduras que queramos comer. Algunas personas no tienen ese lujo. Poder levantarse de la cama o respirar, no todo el mundo tiene ese lujo.

 

 

Tu arte ha evolucionado de lo visual hasta incluir poesía. ¿Cómo se ha producido ese cambio?

La poesía llegó de manera inesperada. Al escribir en mi diario entraba en una especie de trance en el que las palabras surgían en mi cabeza. Las escribía sin preocuparme por la estructura ni el contexto A veces aparecían palabras en inglés antiguo de las que nunca había oído hablar, así que las buscaba en Google más adelante. Sin darme cuenta, estaba recibiendo, de la nada, una cita en mi cabeza y, poco a poco, se volvió más poético y fui fusionando mis propias experiencias con estos mensajes del universo. Así fue como empezó a desarrollarse la poesía.



Siento que la poesía es más potente que la pintura, no todo el mundo entiende el arte porque no todo el mundo está interesado en él, a veces el arte visual puede ser un obstáculo. Todos tenemos nuestro gustos, pero las palabras son parte de nuestra comunicación, son parte de la vida. Sentí que conectaba con la gente más directamente con mi poesía que con el arte. Puedo expresar las cosas de manera más directa a través de la poesía. Cada persona puede interpretar las pinturas a su manera, lo cual, en cierto modo, es lo que me encanta del arte.



¿De dónde sacas la inspiración?

Me inspiro en los pequeños momentos cotidianos, muchas veces en los matices que noto. Como el cambio de las estaciones, el olor cuando sale o se pone el sol, la risa de alguien, las vibraciones que siento al ver florecer las flores… Son los detalles más pequeños los que realmente me aportan una sensación de paz y calma. Muchas veces, cuando vivimos con prisa, es fácil pasar por alto estos momentos y no darse cuenta de que están teniendo lugar. Incluso durante los momentos trágicos, en los que podríamos estar pasando por dificultades o estar tristes, noto que hay una belleza subyacente en la vida. Incluso si es difícil, todo es cíclico y no siempre será de esa determinada manera.



Con la idea del equilibrio, el yin y el yang y el blanco y negro, aunque haya momentos difíciles, a través de la dificultad, si la vivimos por completo, podemos llegar al otro lado más fuertes, más sabios y más conscientes. Con mi poesía y mi arte quiero capturar estos matices, estos momentos de la vida que son fugaces, y casi congelarlos, para que la gente siempre pueda volver a visitarlos.



¿Por dónde empiezas con una obra y cómo sabes que está terminada? 

Dejo que el pincel me guíe. Nunca está planeado y lo mismo hago para saber cuándo está terminado, es muy intuitivo. Creo que está muy relacionado con mi práctica espiritual. Cuanto más me libero, menos pienso en ello y cuanto más permito que las cosas sean y sucedan sin intervenir, más alineado está el resultado.



Cada vez que dejo que el flow tome las riendas, me doy cuenta de que puedo crear algo con lo que estoy más conectada. Si no me noto equilibrada, si estoy estresada o me esfuerzo para que las cosas sucedan de una determinada manera, nunca sale bien. Se puede ver en el trabajo, queda muy caótico. No es algo que me asuste, pero el trabajo que me atrae es simple, natural y fluido.

 

Si no me noto equilibrada, si estoy estresada o me esfuerzo para que las cosas sucedan de una determinada manera, nunca sale bien.

 

¿Cómo te afecta el haber nacido y haberte criado en California y ser japonesa de segunda generación?

Nunca me he planteado la manera en que mi experiencia influye en mi trabajo pero, curiosamente, he empezado a darme cuenta de que probablemente está en mi subconsciente. Mucha gente me dice que mi trabajo les recuerda al Sumi-e, un estilo japonés de pinturas con tinta. Sé que cuando voy a Japón, la obra de arte tradicional me habla y me hace sentir como en casa de una manera visual. También hay una gran parte de mí que se siente estadounidense, al haber nacido y crecido aquí.

 

Por dentro sé que esos mundos se están mezclando, Oriente y Occidente, pero trato de no pensar en eso cuando compongo mi obra, porque entonces se convierte en algo más rígido y artificial. Sin embargo, quiero ser un puente entre las dos culturas y que la gente sepa que es posible estar de acuerdo, incluso si somos diferentes. Que, en muchos sentidos, somos iguales.

 

 

¿Qué haces los días en que no te notas lo suficientemente motivada para crear?

No creo nada, no me obligo a hacerlo. Solía intentar pintar una vez al día y me di cuenta de que para mí no funciona. Pinto cuando tengo ganas de pintar, escribo cuando recibo mensajes. Me tomo mi trabajo en serio, pero, al mismo tiempo, no quiero crear por crear. No quiero quemarme nunca y creo que la forma más rápida de hacerlo es obligarse a hacer cosas que no quieres hacer.



¿Cómo quieres que tu trabajo haga sentir o pensar a la gente?

Espero que mi trabajo sea un catalizador del amor, la paz y la armonía. Aunque sea un cliché, siento que nuestro mundo lo necesita de verdad.

 

Ahora que tengo casi cuarenta años, me siento cómoda diciendo que estoy en este planeta para crear. Es una manera de comunicar. Mi esperanza es siempre que la pintura o la poesía o cualquier cosa que cree pueda facilitar un espacio para que la otra persona pueda darse un momento para respirar y apreciar la vida. Cuando tenemos un poco de espacio para respirar, podemos pensar y expresarnos de la manera en que realmente queremos. Cuando estamos metidos hasta el cuello en algo, es difícil ser cortés y compasivo. Cuando nos damos cuenta de que tenemos espacio, un momento para respirar, podemos entender que hay cosas más importantes en la vida que correr de un lado para otro.



Recientemente le diste la bienvenida a una nueva criatura al mundo. ¿Eso te ha cambiado como persona y ha cambiado tu forma de pensar sobre las cosas? Y, de ser así, ¿de qué manera?

Sí, de una manera muy profunda. La llamo mi pequeña maestra zen porque me enseña humildad todos los días, cada segundo, y me hace superar mis límites. Me está enseñando a tener más paciencia, algo que pensé que ya entendía bien, y me está enseñando a disfrutar del momento porque los bebés viven momento a momento. Y eso que pensé que ya sabía lo que era eso. Pero ella de verdad vive en el momento. He aprendido que cada momento lleva al siguiente, que todo está conectado. Una cosa es verlo, pero es completamente diferente vivirlo. Y eso ha cambiado mis prioridades, mi estrategia de creatividad.



¿Tienes una rutina diaria?

Solía tener un día bastante estructurado antes de tener a mi hija. Me despertaba, meditaba, hacía yoga, escribía en mi diario, desayunaba e iba al estudio a pintar. Después de eso, descansaba, hacía la cena y luego me relajaba por la noche. Ese era mi día.



Ahora no tiene nada que ver. Por la mañana, si puedo comer, usar el baño y lavarme, si puedo hacer esas tres cosas antes de que mi hija se despierte, me conformo. Es oro puro. Me doy cuenta de que el día está siendo maravilloso. Mientras duerme, normalmente trato de hacer algo para mí. Y luego es todo muy intuitivo. ¿Me apetece leer? ¿Tengo ganas de responder correos electrónicos o de investigar algo que tengo en la mente? Intento usar un poco de ese tiempo para hacer algo para mí, y trato de hacerlo a lo largo del día.



¿Qué ejercicio te gusta practicar?

Siempre me ha gustado el yoga, es la piedra angular de mi bienestar, una fuerza del cambio. Quería aprender yoga bien, porque es muy transformador. Es una experiencia que alinea cuerpo, mente y espíritu, y por eso me gusta tanto el yoga. Me encanta.

 

 

¿Cómo te relajas?

Para mí, la meditación es clave. Intento meditar todos los días, aunque solo sean cinco minutos. Me encanta leer, es relajante pero también muy estimulante porque me gusta leer material que despierta el espíritu.



Cuando hace más frío, me encanta tomar una taza de té y algo dulce. Eso también es muy relajante para mí y me doy espacio para disfrutarlo. Ya sean galletas con un té o un trozo de chocolate, siempre me hace bien.



Has hablado de leer para desbloquear tu yo auténtico. ¿Qué libros te han marcado?

Cuando la gente me pide que les recomiende un libro, siempre les digo que elijan uno que les llame la atención.



En mi caso, el libro que empezó todo fue El arte de la felicidad: Un nuevo mensaje para nuestra vida cotidiana, del Dalai Lama. Fue un libro que me llamó por alguna razón, no sé por qué, y dio comienzo a mi viaje hacia la lectura de libros espirituales.

El poder del ahora de Eckhart Tolle, también me marcó mucho.

Acabo de terminar un libro que me ha encantado: Spiritual Growth Being Your Higher Self by Sanaya Roman.

The Poetry of Impermanence, Mindfulness, and Joy, de John Brehm me abrió las puertas de la poesía. Me ha parecido muy interesante y divertido.

Dejar ir: El camino a la liberación, de David R. Hawkins. Como audiolibro resulta muy relajante. Hay algo en este libro, en términos de energía, que cambia la mente, aunque no estoy segura de qué es. Cada vez que lo leo, noto que mi mente pasa a otra dimensión.

Si te interesa la espiritualidad y cómo funciona en la mente, prueba Entra en frecuencia: El poder de la vibración personal, de Penney Peirce, habla sobre espiritualidad, ciencia y cómo integrar los dos conceptos. Es un libro muy interesante.

 

¿Cuál es tu cita favorita, ya sea tuya o escrita por otra persona?

Es una cita que escribí yo, pero sin duda procede del universo:

Al hacer lo que amas, inspiras y despiertas el corazón de los demás.

Cuando recibí esta llamada cambió mi vida de muchas maneras. Creo que se vincula con una parte muy fundamental de nosotros. Y para mí, ha sido una manera de conectar con muchas personas en todo el mundo y ha cambiado mi vida de manera inmensa. Es algo a lo que sigo regresando cuando empiezo a cuestionar el trabajo que hago. Todos y cada uno de nosotros podemos conectar con quienes somos realmente, para vivir de manera auténtica. Al hacerlo y ser sinceros con nosotros mismos, despertamos a otras personas y las animamos a vivir de esa manera. Creo que es muy importante para todos y cada uno de nosotros honrar esta parte de nosotros mismos..

 

Es importante que todos nos demos cuenta de que somos lo suficientemente buenos tal y como somos, imperfecciones incluidas. Puede haber cosas en las que queramos trabajar, pero tenemos que hacerlo por nosotros, no porque nos sintamos obligados.